Con el tiempo me he ido dando cuenta que existe entre nosotros los cristianos mucha envidia, orgullo, soberbia, prepotencia y otras cualidades que no son buenas y que no son del agrado de Dios. Veo la facilidad con la que no nos ponemos de acuerdo, me doy cuenta que nos es fácil pelear por todo y contradecirnos entre nosotros mismos.
Le hablamos a la gente de amor de Dios pero muchas veces no tenemos ese amor entre nosotros mismos. Si vemos que alguien prospera lo vemos con ojos de envidia y si el que prospera no es “tan entregado a Dios” como “nosotros”, entonces lo criticamos poniendo en tela de juicio la fuente de su bendición.
Pecamos de egoístas queriendo todo para nosotros y olvidándonos que hay otros más necesitamos que nosotros. Tratamos de impresionar al ojo humano y nos olvidamos que hay un ojo divino que todo lo ve aun las intenciones que están dentro de nuestro corazón y que todavía no se han llevado a cabo.
Y es que no estoy hablando de gente que no es cristiana, hablo de nosotros, los que nos hacemos llamar cristianos, los que oramos y cantamos, los que predicamos y enseñamos, esos mismos que arraigamos en nuestro corazón soberbia por creernos mejor que otros, esos mismos decimos amar a Dios pero nos cuesta amar a nuestro hermano.
El Apóstol Pablo escribió a los filipenses y les dijo lo siguiente:
Filipenses 2:1-5(RVR1960):"Por tanto, si hay alguna consolación en Cristo, si algún consuelo de amor, si alguna comunión del Espíritu, si algún afecto entrañable, si alguna misericordia, completad mi gozo, sintiendo lo mismo, teniendo el mismo amor, unánimes, sintiendo una misma cosa. Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús"
El anhelo del Apóstol Pablo y también el de Dios es que tengamos la misma actitud que tuvo Cristo Jesús.
¿Cuál era la actitud de Cristo Jesús?, leyendo la Palabra de Dios veo a un Jesús compasivo frente a las multitudes hambrientas y necesitadas, veo a un Cristo humilde dejándose bautizar por Juan el Bautista quien reconoció su inferioridad pero aun con lo que eso implicaba Jesús tuvo la suficiente humildad para dejarse bautizar por Juan. Veo a Jesús velando por los suyos, sanando a los enfermos, veo a un Jesús amando a sus enemigos, dando nuevas oportunidades, en lugar de criticarlos, les prevenía, en lugar de juzgarlos le extendía su mano. Veo a un Jesús sentado con fariseos, con publicanos, veo a un Cristo charlando con mujeres de “poco honor”, hablándoles de restauración. Veo a Jesús evadiendo las discusiones poco constructivas. Veo a un Jesús lleno de amor por los suyos aun hasta su último suspiro. Veo a un Jesús que decidió entregarse por nosotros sin tener la necesidad de hacerlo.
El Jesús que veo en las escrituras es un Jesús con actitudes buenas, cada una de sus actitudes son un ejemplo a seguir, la pregunta es: Si nosotros nos hacemos llamar cristianos porque seguimos y tratamos de imitar a Cristo, ¿Estaremos teniendo la misma actitud de Cristo?
Si Jesús caminara físicamente entre nosotros en estos días, ¿Qué nos dijera sobre nuestra actitud?, ¿Realmente nuestras actitudes son el reflejo de Cristo?, ¿Realmente Dios se siente orgulloso de la forma en la que nos comportamos con los demás?
Hoy te invito a reflexionar en tus actitudes, hoy te invito a comenzar a imitar a Cristo Jesús. En primer lugar imitemos su humildad para reconocer que no estamos teniendo las mismas actitudes que Él pues la humildad es la llave hacia TODAS las demás actitudes.
Hagamos que Dios se sienta orgullo de nuestras actitudes, que la gente al ver nuestras actitudes puedan ver reflejado a Jesús, hagamos que nuestro sobrenombre de CRISTIANOS de la talla, practicando las mismas actitudes que Jesús practico estando acá en la tierra.
¡Imitemos las actitudes de Cristo!
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